Lo bueno de contar con constructores de argumentos.

Las puntas callosas de los dedos y un polvillo naranja describen el espacio, los ladrillos vuelan entre obreros, no todos están dispuestos a construir a mano limpia con ellos, los miran, se van tan rápido como la obra se va levantando.

Pasa lo mismo con la disposición a argumentar, se puede abandonar fácilmente, seguir de largo bajo la divina protección del proceso o detenerse para construir juntos un nuevo mensaje, un rumbo para el negocio, un concepto fundamentado… una obra que nos apasione. Si bien a veces el tiempo puede estar en contra, la disposición a construir algo nuevo puede lograr que un par de minutos representen el trabajo más valioso del día. En ese cruce de miradas y latidos está el valor de nuestro quehacer, punto.

La “hora hombre” más valiosa.

Tanto para una organización como para el crecimiento personal y el fortalecimiento de los equipos involucrados, ese momento hace brillar a esos buenos jugadores que saben discutir, los nobles tercos quienes logran sobrepasar su ego para predecir y apostarle al mejor futuro.

 

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