El timador moderno

Seguramente desde la aparición del lenguaje y la matemática el poder ha sido de quienes “entienden” un sistema de símbolos; el siglo pasado fue de los ingenieros y su entendimiento profundo de dos valores, el uno y el cero; el siglo presente es de los bioingenieros capaces de conjugar cuatro valores: A-G-C-T, y es entendible, admirable, y raya en lo inalcanzable para muchos de nosotros…

Pero la utilización exagerada de siglas, porcentajes, tablas y extranjerismos para mantener control, para asegurarse poder en un diálogo dista de ser una proeza y empieza a acercarse a la magia de Carnaval, donde tras las cortinas de la lectora de cartas se escondían unos trucos sencillos.

La labor es compleja, sea arte o ciencia, se debe transmitir con sencillez lo que se sepa sobre calle, canal, medio, gente o red, (punto).

“Timar” no puede ser un verbo de orgullo, no puede bromearse con ello para luego mantener la frente en alto; pero ya lo expresó mucho mejor Millán cuando me dijo “hace mucho tiempo abandoné la posición del hombre infalible”.

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