De la vanidad, el miedo y otros demonios.

Un palo en el trasero mantiene firme las marionetas, es esta la columna que permite al operario sacarles las más cruentas expresiones y lograr la proeza adicional de hacerles creer que se miran al espejo. ¿Saben las marionetas y títeres del horror que les sostiene?.

A la contraparte se la come el miedo, la duda, porque cuando eso pasa, dejan libre un aguijón automático, una cara larga que pica, susceptible, frágil, instintiva y no argumentativa. El miedo se les enquista en las palabras de todos los días, diciendo que llueve horrible, que el lunes es capaz de tomar bando entre el bien y el mal, diciendo cosas a media cocción, con los ojos cerrados y sin huevos.

El miedo y la vanidad son una mezcla inestable capaz de hacer que durante horas no pase absolutamente nada.

El miedo y la vanidad detonan al final en una química improvisada, que de salir victoriosa generará tanta adicción como la nicotina.

Luego el Ego restante cubrirá absolutamente todo, se fumará varios paquetes al día.

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