¿Sonríen los bomberos cuando ven a alguien bajo los escombros?

La labor de servicio, de dar, de sobrepasar las frustraciones propias, las limitaciones, las horas de llegada, las apéndices inflamadas, ¿degeneran las líneas de la frente y convierten a los próceres en tiranos?

¿Acaso un bombero, tras luchar para llegar a lo más profundo del problema, siente placer cuando encuentra a otros, quienes esperan que les lleve a la luz?
Hace tiempo, un año tal vez, al terminar una micro-exposición, levanté la voz para enseñarle a alguien que primero se puntualiza “lo bueno”, que siguiendo con el paralelismo del bombero sería verificar si existen signos vitales en quien acabas de encontrar. Si tus ojos se acostumbran a ver las heridas de muerte, los huesos rotos, el poco tiempo de vida que tiene el paciente, de seguro deberás cambiar tu casco por una hoz, y dedicarte a ello, a segar, porque es mucho más fácil cortar vidas que tratar de salvarlas.

Y si la destrucción se vuelve un secreto placer que deleita tu pecho, porque tus miedos enquistados han reemplazado lo que una vez habitó en vos, ya nada queda. Talvez algunos chistes y apuntes para los incautos, quienes no han leído aquel cuento de H.C. Andersen, El Traje Nuevo del Emperador.

Estilos hay muchos, pero irrefutablemente No apruebo aquel de capataz en línea de producción Norcoreana, pues éste es un negocio de servicio, no de bienes capitales y como lo dijo R.Bellini en su Película: “Servir es el Arte supremo, Dios es el primer servidor”.

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